Devocional semanal 12-5-22 Nuestro consejero y consolador

Devocional semanal 12-5-22 Nuestro consejero y consolador

Justo antes de Su crucifixión, sabiendo que pronto dejaría a Sus seguidores, prometió que aunque pronto los dejaría, estaría con ellos. Ellos no entenderían esto inmediatamente, pero lo harían, unos días después de Su partida. Encontramos esta promesa registrada en el Evangelio de Juan. Él dijo:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. 18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. 20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:15-21).

Acerca de esta promesa podemos concluir al menos cinco verdades: (1) El Espíritu Santo permanecería con ellos durante toda su vida. (2) Él moraría en ellos. (3) Él los consolaría. (4) Él testificaba continuamente que Jesús y el Padre eran uno, y que eran uno con ellos. Y (5) Él les manifestaría a Jesús. Él dijo: 26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Juan 15:26-27).

 Continuando con este discurso, Jesús dijo: 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14 Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan16:13-15).

Ciertamente, Jesús amaba a estos hombres y en compasión por ellos quería que supieran que aunque pronto los dejaría físicamente, estaría con ellos en otra manifestación, en la persona del Espíritu Santo. Sabía de sus inseguridades y les aseguraba que no se quedarían solos. Les dijo que el Espíritu Santo no solo estaría con ellos, como lo había hecho, sino que estaría en ellos (14:17) en una intimidad que no entendían en ese momento. Pero después de que el Espíritu Santo tomara residencia en ellos, ellos amorosamente, voluntariamente, responderían al despacho de 15:27. “Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.

 Diez de estos hombres ejemplificarían la fuerza de ese envío por martirio, el undécimo (Juan) sufriría muchos años de exilio en la isla de Patmos habiendo sido enviado allí por los romanos por su negativa a dejar de predicar el evangelio. Él, como la mayoría de los convictos de la isla, tuvo que proporcionar su propia comida y refugio. Muchos murieron de exposición, ataques violentos de los otros convictos o hambre. El punto es que Juan, como los otros diez apóstoles, estaba tan bajo la influencia del Espíritu Santo que moraba en él que pudo elevarse por encima de sus circunstancias. Aceptó su situación y amorosamente cumplió las exigencias del despacho de Jesús, dio testimonio de Jesús. El apóstol Pablo, que también había sido llamado por Dios, respondió a ese mismo despacho y le sirvió sin reservas hasta que su vida fue tomada por ejecución. Volviendo a su segunda carta a los Corintios leemos lo que soportó por el bien de Jesús y el evangelio. Él escribió: “24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. 25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; 26 en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27 en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; 28 y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias” (2nd Corintios 11:24-28).

Es interesante lo que el Espíritu Santo obra en la vida de todos los que han sido llamados por Dios, esos primeros seguidores y todos los cristianos a través de estos muchos siglos, incluyéndonos a ti y a mí. Él renace en nosotros una nueva vida espiritual, nos aparta de nuestro viejo yo a un nuevo yo y nos madura en personas que se convierten en su amado pueblo.

 

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